Transición

El despertador interrumpió con su inesperado aviso, aquel maravilloso sueño del que no recordaría nada. Aquella fase REM interceptada sería por primera vez plácidamente obviada, al tratarse del bosquejo detonante de lo que aquel día le aguardaba. Estiró su brazo derecho para detener el estridente sonido de su despertador, e inmediatamente después introdujo de nuevo su lánguida y suave extremidad bajo las sábanas, para poder disfrutar de unos segundos más de cálido preámbulo, mientras esbozaba en su cándido rostro una sonrisa de paz infinita.

 

Esos instantes previos a la inminente sucesión de acontecimientos que aquel día deparaba, se convirtieron inexorablemente en toda una celebración de vida. Alargando, dibujando y respirando cada molécula de oxígeno que sus pequeños pulmones podían procesar, sintió tal inmensa plenitud que hubiera dado su vida entera a cambio de prorrogar aquel clímax. La intensidad del éxtasis que entonces estremeció su bisoño e inexperto cuerpo, quedaría grabada en su subconsciente como el arquetipo de lo que un orgasmo sería después. Aunque por ese entonces ignorara el potencial de su latente sexualidad y las experiencias que ésta le proporcionaría. Experiencias que irremediablemente le devolverían una y otra vez a este momento de su vida.

 

El aviso de su madre al golpear la puerta de su habitación, le devolvió a la realidad, bañándola de una falsa, aunque cómoda cotidianeidad. Aquel día sintió un repicar totalmente distinto, una percusión que le hizo danzar al son de la música. Y siguiendo esa melodía se vistió, acomodó las sábanas acariciándolas con las palmas de sus manos abiertas para poder recibir el calor que había depositado su pequeño cuerpo en ellas.

 

Bajó de dos en dos las escaleras hasta llegar a la puerta. Se detuvo para e inspiró profunda y lentamente, llenando su cavidad torácica de aire mientras a la vez esbozaba en su rostro una sonrisa que dejaba entrever su ortodoncia. Puso su mano en el picaporte para disponerse a vivir lo que sería el primer día de su vida. El primer día de su vida siendo Martina. El día en que por fin sería la niña que siempre fue, viviendo la vida como nunca antes la había podido vivir.

 

 

 

 

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Alexandra Bergadà
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